Lares Puerto Rico. Después de haber pasado por una penosa enfermedad que soportó por casi un año, muere el hermano Rubén Ríos. EL hermano Rubén fue un laico sobresaliente de la Iglesia Adventista de Lares. Muere como todo un mártir moderno, ya que aunque las inclementes garras de la enfermedad del cáncer golpearon su cuerpo hasta llevarlo al suplicio de la muerte, se mantuvo como viendo al invisible. Sus palabras así lo demuestran porque en todo momento y bajo toda circunstancia, daba la gloria y la alabanza a Dios. Mantuvo su fe hasta el último momento de su existencia. Sus palabras podrían ser las mismas del apóstol San Pablo, momentos antes de morir: “He peleado la buena batalla, he acabado mi carrera, he guardado la fe. Por lo demás me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo en aquel día; y no solo a mi sino también a todos los que aman su venida”
Maestro por vocación y líder por excelencia, se destacó en la testificación en su pueblo natal de Lares. En la funeraria como en la iglesia el pueblo así lo demostró. No había un asiento vacío y sí muchas personas de pie.
Un buen número de pastores que trabajaron con él como dirigente se dieron cita para participar de los servicios religiosos. También estuvieron presentes dirigentes de la obra Adventista a nivel de Unión como de Asociación, ya que se destacó siendo miembro de la Junta directiva.
Como líder, junto a su esposa, la hermana Tita, daban seminarios y orientaciones concernientes a la familia y la vida hogareña. Su esposa, Carmen(Tita) sus dos hijas, Carmen Yadira y Ruth Marielis, y su hijo Rubén Josué, quedaron con el corazón vacio que sólo podrá ser llenado, con sus gratos recuerdos y la esperanza del encuentro en la cita celestial junto al árbol de la vida, el primer sábado glorioso a las tres de la tarde. Justo el servicio en la iglesia fue el pasado sábado 31 de Julio ha esa misma hora, las tres de la tarde.
Que grato y reconfortante es reconocer que la carrera del cristiano no termina en esta tierra marcada con el dolor y el sufrimiento, sino que prosigue hasta la misma eternidad. Una eternidad sin dolor, sin enfermedad y sin lágrimas. Porque el que ha de venir vendrá y no tardará. Disfruaremos de gozo perpetuo conforme a sus promesas. Por ahora, el hermano Rubén Ríos descansa en el cementerio de Lares en tanto que suene la trompeta que lo despertará del sueño de su muerte. Esa es nuestra esperanza... y en ella nos gozamos.