¡Si! Bienaventurado el pueblo o ciudad que tiene una escuela adventista porque será un pueblo bendecido por Dios.
Dilán, un niño de diez años, hijo de un pastor Pentecostal, se siente muy contento por ser un alumno destacado de la Academia Adventista del pueblo de Maunabo. No fue así al comenzar sus estudios porque presentaba algunas dificultades para su desarrollo intelectual. Por tal razón, la escuela le recomendó que visitara un psicólogo para que orientara a sus padres sobre la correcta atención a su problema. Se consideró que fuera a entrevistarse con un psicólogo cristiano. La Iglesia Adventista tiene un Centro de Terapia Familiar que bien pudiera ayudarlos. Se concertó una cita con el niño, los padres y la psicóloga Hipólita García. Una vez entrevistada la familia, se les indicó que el niño lo que necesitaba era canalizar sus energías en forma positiva.
Al regresar a la escuela con el consejo de la psicóloga, los padres preguntaron si el hijo podría asistir a la escuela bíblica infantil de los sábados en la iglesia y así participar con sus compañeros de las actividades que allí se realizan en favor de los niños.
Así que Dilán, muy elegantemente vestido con su corbata, participó del programa de décimo tercer sábado de la iglesia dirigida por el Pastor Cesar García, quien también es capellán de la escuela.
Los padres están muy contentos de ver que su hijo se desarrolla física mental y espiritualmente porque la escuela y la iglesia le brindan la oportunidad con sus actividades curriculares y extracurriculares de desarrollarse positivamente. De gran ayuda ha sido el trabajo voluntario de Iluminada Talavera en la academia que realizó con sus estudiantes una graduación del curso infantil de la Voz de la Esperanza. Ahora, Dilán se está preparando para su bautismo que será el 11 de junio en la iglesia de sus maestros y no en la iglesia de sus padres que, son dirigentes de otra denominación.
Al igual que Dilán, en esta edad, importante de sus vidas, muchos de nuestros niños hacen su decisión por Cristo en la escuela Adventista.
Nuestras escuelas son un semillero que debe ser bien cultivado. Allí se celebra la semana de oración, se dan clases sobre las hermosas enseñanzas de la biblia, se integran la fe y los valores en la enseñanza, se realizan actividades deportivas y religiosas. Además, se ofrece la oportunidad para que los estudiantes participen de concursos de oratoria, arte, poesía, literatura música y deportes.
Al evaluar las escuelas para su acreditación los padres que son entrevistados dan testimonio de lo que han aprendido sus hijos, y poseen un alto concepto de la Educación Adventista. Escuchamos por ejemplo, la declaración de la esposa de un médico que tiene sus hijos estudiando en una de nuestras escuelas al decirnos: “Por mi hijo yo conozco la iglesia Adventista... solo me falta quitarme estas prendas para estar en la iglesia y ser salva”.
En cada pueblo o ciudad debe haber una escuela adventista. Los padres notan de inmediato la diferencia en el comportamiento de sus hijos. Maestros comprometidos que aman a los niños, desean lo mejor para ellos y los preparan para ser útiles a Dios, a la patria y a la sociedad. Elena de White, una gran educadora dejo escrito para la posteridad lo siguiente: “Donde quiera que hay algunos observadores del sábado, los padres deben unirse, para proveer un lugar apropiado para una escuela diurna donde niños y jóvenes puedan ser instruidos. Deben emplear un maestro cristiano....” (Consejos para los maestros, padres y alumnos pág. 99).
Es por eso que no nos cansamos de decir:
Bienaventurado el pueblo que tiene una Escuela Adventista... porque será un pueblo bendecido por Dios.